La ceniza no habla sólo de la fragilidad biológica de nuestra corta vida terrena, sino también del destino ‘efímero’ de una existencia excenta de los otros y a espaldas de los demás.

Cuando LAS RELACIONES más nobles se infectan por la sed de dominio y a la FRATERNIDAD se le reemplaza por la competencia despiadada, la vida se torna irremediablemente fuego y cenizas.

Por eso el MIÉRCOLES DE CENIZA enfoca directamente nuestras idolatrías personales, sociales y religiosas, a la vez que es un anuncio de esperanza.

El mensaje central salta a la vista: “Toda soberbia histórica acaba reducida a polvo”. La torre de Babel (Gn 11) se ha convertido en signo patente de una humanidad que quiere “alcanzar el cielo” para usurpar la divinidad. Y, los resultados de esta alevosía han sido y serán siempre: guerra y ceniza.

La advertencia de que los desequilibrios del mundo proceden de un desorden profundo en el corazón humano se hace palpable cada día. Un desorden provocado por la soberbia que lo lleva a vivir como si Dios no existiera y como si el hermano no importara. Las consecuencias no son sólo a nivel espiritual, son históricas y generan exclusión y muerte, lamentación y ceniza. La historia tiene una memoria que guarda desenlaces climáticos y sociales apocalípticos.

Ante esta realidad, escuchamos a JESÚS denunciar con sus propios labios: “ ¡Ay de vosotros, ricos! porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados! Porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis” (Lc 6,24)

Y es que indiscutiblemente, la fe cristiana conlleva “hacerse cargo de la realidad”. LA CENIZA nos recuerda que ningún poder es eterno y que toda injusticia deja heridos, Y, que el legado que la combustión social deja al mundo, son las montañas de “residuos” humanos que claman nuestro compromiso evangélico.

El riesgo no se limita a la política o a la economía. También la religión puede volverse ceniza anticipada cuando olvida la voz del maestro “No será así entre vosotros; el que quiera ser grande, que sea vuestro servidor” (Mt 20,26).

“Cuando des limosna… cuando ores… cuando ayunes, no lo hagas para que te vean” (Mt 6,1-18). El problema no es la práctica religiosa, sino su <motivación > El rito, la mística y el entretenimiento ascético no sustituyen el llamado a la caridad, porque Dios «quiere misericordia y no sacrificios.» (Mt. 9, 13)
El profeta Ezequiel contempla un valle de incontables huesos secos (Ez 37). Esta es la imagen de un pueblo derrotado, exiliado, aparentemente acabado. En este contexto, el Dios de la vida opta por los que son polvo y ceniza de la historia: los pobres de la tierra y, con los huesos de tantas vidas desintegradas y efímeras, construye su Pueblo. Porque donde la historia ve derrota, DIOS ve posibilidades. Donde el mundo ve ceniza, Él sopla vida.
Y aquí, entonces, desde esta intervención divina, se ilumina el sentido más profundo del Miércoles de Ceniza: LA CENIZA no es anuncio de aniquilación, sino preludio de resurrección y vida.

       AMÉN.